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María Narbona. Diciembre de 2025.

Tras un tiempo de ralladas por no saber de qué manera compartir tantos casos peculiares que se tratan por aquí, llego a la conclusión de que, en realidad, lo que ocurre es que las redes sociales se me quedan pequeñas. No me quiero adaptar a un encorsetamiento de formatos.

Lo que más me ha costado ha sido definir la forma, previa a la fase de esculpir una figura física a partir de algo que ni siquiera se basa en material tangible.

Los tiempos son los que tienen que ser. Ajustarse a ellos con disciplina lo considero talento.

Una etapa de trabajo en silencio, observando y escuchando muchísimo. Si siento calor, es señal de que hay que abrir ya una ventana.

El Narbonatorio nace de mi intento de ser creadora de contenido, pero del que ocupa espacio y permanece de verdad. Y no en una nube, precisamente.

Hablamos de contenido tangible, de producción física, de verdad. El Narbonatorio nace de la convicción de que lo más valioso no es la inspiración, sino saber cómo aterrizarla. Es por eso que, sobre todo, trabajamos intangibles.

Porque el contenido que más vale ni siquiera es el que podemos sostener con las dos manos. Tampoco el que se limita a una duración de X minutos en una dimensión de 1080 × 1080 píxeles sin excederse a X número de caracteres.

Podría decir que vengo a mostrar mi sistema propio para traducir algunos temas en un idioma común que entendemos las personas inconformistas, que no queremos someternos a las restricciones by default.

No tenemos miedo al algoritmo. No es una amenaza. No tenemos necesidad de validación de cualquiera. La autenticidad actúa como barrera, pero también como imán.

Quien quiera venir a visitarnos, hará por llegar.

Hot hands, hot heart, cold mind.
Trabajo fino de ingeniería creativa-industrial que da dirección y sentido a la energía generada por las altas temperaturas que salen de dos manos, de la sangre que bombea el corazón caliente y la mente fría de María Narbona.